La moda se transforma en bálsamo: no cura, no responde, pero toca la piel como un gesto de consuelo, como una promesa de vitalidad.
Primavera - Verano 2010
ANTIDOTO
Un antídoto nace para neutralizar un veneno. Un medicamento, para aplacar el dolor. Una droga, para inventar un instante de placer. En esa misma tensión —entre lo tóxico y lo redentor, lo efímero y lo necesario— se inscribe esta colección: cápsulas de color intenso, píldoras textiles concebidas como medicinas contra el abatimiento.
Entre la vida y la muerte existe un espacio habitado por los fármacos, así como entre la tensión y la calma existe ese instante de alivio que ofrece el placer. La moda, en este territorio intermedio, se transforma en bálsamo: no cura, no responde, pero toca la piel como un gesto de consuelo, como una promesa de vitalidad.
Aceptar su necesidad es aceptar que seguimos latiendo.
La velocidad del presente devora los instantes, impide saborear lo que debería perdurar. Esta colección se levanta contra esa prisa, como una invitación a detenerse: a vestir la ilusión, a contemplar el color, a dejar que la moda —tan efímera y tan poderosa— se convierta en antídoto.
Un respiro luminoso en medio de la realidad.
Un antídoto nace para neutralizar un veneno. Un medicamento, para aplacar el dolor. Una droga, para inventar un instante de placer. En esa misma tensión —entre lo tóxico y lo redentor, lo efímero y lo necesario— se inscribe esta colección: cápsulas de color intenso, píldoras textiles concebidas como medicinas contra el abatimiento.
Entre la vida y la muerte existe un espacio habitado por los fármacos, así como entre la tensión y la calma existe ese instante de alivio que ofrece el placer. La moda, en este territorio intermedio, se transforma en bálsamo: no cura, no responde, pero toca la piel como un gesto de consuelo, como una promesa de vitalidad.
Aceptar su necesidad es aceptar que seguimos latiendo.
La velocidad del presente devora los instantes, impide saborear lo que debería perdurar. Esta colección se levanta contra esa prisa, como una invitación a detenerse: a vestir la ilusión, a contemplar el color, a dejar que la moda —tan efímera y tan poderosa— se convierta en antídoto.
Un respiro luminoso en medio de la realidad.