Otoño - Invierno 2011-12

SPINNING
DESTINY

Escenografía del desfile “Spinning Destiny”, colección otoño invierno 2010-11 de la diseñadora de moda Ana Locking en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid.
*

Soy una de tantos ilusos que creen en el absurdo propósito de desafiar la suerte, de intentar imponer un trazo personal sobre el devenir de lo inevitable.

*
Momento del desfile “Spinning Destiny”, colección otoño invierno 2010-11 de la diseñadora de moda Ana Locking en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid.

El destino está girando.
Destinos y perspectivas de placer. El devenir del canon estético.
Un movimiento constante, como un hilo que se enrosca y se desenrosca, marca los giros de nuestra vida y los caprichos de nuestra mirada.

Me pregunto si la moda, en su condición de artificio y de belleza, puede ser también un instrumento de interpretación de nuestros deseos y temores. Si puede hablarnos del canon estético como reflejo de lo que anhelamos y de lo que tememos perder. O si, por el contrario, esta belleza culpable está condenada a disolverse en la amarga impotencia de la forma.
Creo que el destino es inherente al carácter humano. Está escrito en nosotros como un mapa que da indicaciones, que insinúa finales, que perfila conductas. En ese trazado me pregunto: ¿debe un carácter fuerte imponerse a la improvisación, retar a los giros azarosos de la fortuna, o es más sabio aceptar el vértigo de no saber, dejarse arrastrar por las mil y una posibilidades que el destino nos juega?

En este diálogo entre carácter y destino resuena también la metáfora de los Spin Paintings de Damien Hirst: lienzos que giran en una plataforma, donde la mano del artista apenas elige los colores y los vierte, pero es la fuerza centrífuga —ciega, inevitable— la que dicta su danza final. En ellos late la pregunta esencial: ¿es el cuadro obra del artista o del azar que lo arrastra? Esa misma duda se extiende a nuestra existencia: cuánto hay de voluntad consciente y cuánto de giro imprevisible, cuánto de autoría y cuánto de destino en la imagen que termina por definirnos.

Soy una de tantos ilusos que creen en el absurdo propósito de desafiar la suerte, de intentar imponer un trazo personal sobre el devenir de lo inevitable. Y aun así, ignoro si existe un equilibrio posible: ese margen de maniobra donde carácter y destino dialogan, donde la casualidad se mezcla con la voluntad, y el futuro se escribe a medias entre azar y decisión.

Spinning Destiny gira en ese territorio incierto: un espacio suspendido entre la elección y la fatalidad, entre lo que somos y lo que aún nos queda por ser.

El destino está girando.
Destinos y perspectivas de placer. El devenir del canon estético.
Un movimiento constante, como un hilo que se enrosca y se desenrosca, marca los giros de nuestra vida y los caprichos de nuestra mirada.

Me pregunto si la moda, en su condición de artificio y de belleza, puede ser también un instrumento de interpretación de nuestros deseos y temores. Si puede hablarnos del canon estético como reflejo de lo que anhelamos y de lo que tememos perder. O si, por el contrario, esta belleza culpable está condenada a disolverse en la amarga impotencia de la forma.
Creo que el destino es inherente al carácter humano. Está escrito en nosotros como un mapa que da indicaciones, que insinúa finales, que perfila conductas. En ese trazado me pregunto: ¿debe un carácter fuerte imponerse a la improvisación, retar a los giros azarosos de la fortuna, o es más sabio aceptar el vértigo de no saber, dejarse arrastrar por las mil y una posibilidades que el destino nos juega?

En este diálogo entre carácter y destino resuena también la metáfora de los Spin Paintings de Damien Hirst: lienzos que giran en una plataforma, donde la mano del artista apenas elige los colores y los vierte, pero es la fuerza centrífuga —ciega, inevitable— la que dicta su danza final. En ellos late la pregunta esencial: ¿es el cuadro obra del artista o del azar que lo arrastra? Esa misma duda se extiende a nuestra existencia: cuánto hay de voluntad consciente y cuánto de giro imprevisible, cuánto de autoría y cuánto de destino en la imagen que termina por definirnos.

Soy una de tantos ilusos que creen en el absurdo propósito de desafiar la suerte, de intentar imponer un trazo personal sobre el devenir de lo inevitable. Y aun así, ignoro si existe un equilibrio posible: ese margen de maniobra donde carácter y destino dialogan, donde la casualidad se mezcla con la voluntad, y el futuro se escribe a medias entre azar y decisión.

Spinning Destiny gira en ese territorio incierto: un espacio suspendido entre la elección y la fatalidad, entre lo que somos y lo que aún nos queda por ser.

Momento del desfile “Spinning Destiny”, colección otoño invierno 2010-11 de la diseñadora de moda Ana Locking en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid.
Momento del desfile “Spinning Destiny”, colección otoño invierno 2010-11 de la diseñadora de moda Ana Locking en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid.
Momento del desfile “Spinning Destiny”, colección otoño invierno 2010-11 de la diseñadora de moda Ana Locking en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid.
*

El destino está girando.

*
Carrousel del desfile “Spinning Destiny”, colección otoño invierno 2010-11 de la diseñadora de moda Ana Locking en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid.
Carrousel del desfile “Spinning Destiny”, colección otoño invierno 2010-11 de la diseñadora de moda Ana Locking en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid.