Mi trabajo es como adentrarse en un espacio peligroso, un extraño y enigmático túnel sin final donde jamás se llega a la satisfacción plena, a veces esto crea la más grande de las desazones.
Otoño - Invierno 2011-12
STANCE
Una vez leí un consejo anónimo tan sencillo como eficaz y crucial: «… haz lo que debas y no te preocupes por las reacciones, buenas o malas. Si la obra tiene valía, acabará por sobresalir de una manera u otra. Mientras tanto ocúpate de trabajar…
Mi trabajo es como adentrarse en un espacio peligroso, un extraño y enigmático túnel sin final donde jamás se llega a la satisfacción plena, a veces esto crea la más grande de las desazones.
«STANCE», habla de tomar una postura, la correcta para uno mismo, dentro de la multiplicación de voces, vidas y circunstancias que somos cada uno de nosotros. En todo proceso creativo uno se preocupa de la estructura, de la postura, de la selección. Esta es la inquietud constante en un mundo tan visual y absolutamente definido que aveces incluso se transforma en desaprensivo.
«Identidad propia», siempre me ha gustado poner en entredicho este tópico y preguntarme ¿que pasaría si uno no la tuviera? No se trata de no querer tenerla, sino del hecho de que cada uno de nosotros está lleno de identidades diferentes, y que como resultado, uniéndolas confieren un voz propia, una posición, una forma, una definición, un carácter… en definitiva, una identidad propia.
Mi interés en mi trabajo se sitúa mayormente en mi posición más allá de mi identidad. La identidad visual no es nada sin el soporte del sentimiento y del pensamiento.
Una vez leí un consejo anónimo tan sencillo como eficaz y crucial: «… haz lo que debas y no te preocupes por las reacciones, buenas o malas. Si la obra tiene valía, acabará por sobresalir de una manera u otra. Mientras tanto ocúpate de trabajar…
Mi trabajo es como adentrarse en un espacio peligroso, un extraño y enigmático túnel sin final donde jamás se llega a la satisfacción plena, a veces esto crea la más grande de las desazones.
«STANCE», habla de tomar una postura, la correcta para uno mismo, dentro de la multiplicación de voces, vidas y circunstancias que somos cada uno de nosotros. En todo proceso creativo uno se preocupa de la estructura, de la postura, de la selección. Esta es la inquietud constante en un mundo tan visual y absolutamente definido que aveces incluso se transforma en desaprensivo.
«Identidad propia», siempre me ha gustado poner en entredicho este tópico y preguntarme ¿que pasaría si uno no la tuviera? No se trata de no querer tenerla, sino del hecho de que cada uno de nosotros está lleno de identidades diferentes, y que como resultado, uniéndolas confieren un voz propia, una posición, una forma, una definición, un carácter… en definitiva, una identidad propia.
Mi interés en mi trabajo se sitúa mayormente en mi posición más allá de mi identidad. La identidad visual no es nada sin el soporte del sentimiento y del pensamiento.
La identidad visual no es nada sin el soporte del sentimiento y del pensamiento.