Quizá lo más difícil en moda sea aceptar que el futuro está hecho de interpretaciones del pasado.
Primavera - Verano 2013
THE TALK
Se habla de la modernidad en el gesto de la nueva mujer: de su relación con la serenidad del presente, de la promesa de una era que inaugura un talento voluptuosamente sereno.
Ese gesto necesita una conversación. Una charla entre la obligación de austeridad —reflejo inevitable de nuestro tiempo— y la necesidad de permitir, aunque sea en pequeñas dosis, el brillo de una opulencia controlada, siempre atractiva.
The Talk se mueve en ese espacio intermedio: una voluptuosa sobriedad que impregna la colección, un equilibrio entre idealismo y romanticismo, entre moderación y sensualidad. Una conversación sobre el riesgo de las mezclas heterogéneas, ahora obligadas a convivir bajo el signo de la medida.
En mi imaginario, ese diálogo adopta los rostros de Marilyn y Jackie. La mitad hedonista de Marilyn, cargada de tristeza y resplandor, conversa con la mitad de Jackie, vestida de fortaleza y templanza. Entre ambas surge un nuevo rostro de la feminidad contemporánea. Tal vez Diane Vreeland ya lo intuyera cuando escribió que la belleza de la mujer nunca se posa sobre su piel, sino sobre sus cicatrices.
The Talk propone también un diálogo de proximidad entre creador y espectador: una mirada que descubre los matices en la intimidad de los detalles, allí donde lo ornamental deja de ser un adorno distante para convertirse en gesto revelador.
La colección se inspira en la obra de John Stezaker: collages donde los contrarios no se enfrentan, sino que conversan. Aquí también se trata de eso: de mantener una charla relajada entre la unidad y la pluralidad, entre presencia y representación, entre trascendencia e inminencia.
Quizá lo más difícil en moda sea aceptar que el futuro está hecho de interpretaciones del pasado. Y lo segundo más difícil, olvidar ese mismo pasado para volver a empezar.
Se habla de la modernidad en el gesto de la nueva mujer: de su relación con la serenidad del presente, de la promesa de una era que inaugura un talento voluptuosamente sereno.
Ese gesto necesita una conversación. Una charla entre la obligación de austeridad —reflejo inevitable de nuestro tiempo— y la necesidad de permitir, aunque sea en pequeñas dosis, el brillo de una opulencia controlada, siempre atractiva.
The Talk se mueve en ese espacio intermedio: una voluptuosa sobriedad que impregna la colección, un equilibrio entre idealismo y romanticismo, entre moderación y sensualidad. Una conversación sobre el riesgo de las mezclas heterogéneas, ahora obligadas a convivir bajo el signo de la medida.
En mi imaginario, ese diálogo adopta los rostros de Marilyn y Jackie. La mitad hedonista de Marilyn, cargada de tristeza y resplandor, conversa con la mitad de Jackie, vestida de fortaleza y templanza. Entre ambas surge un nuevo rostro de la feminidad contemporánea. Tal vez Diane Vreeland ya lo intuyera cuando escribió que la belleza de la mujer nunca se posa sobre su piel, sino sobre sus cicatrices.
The Talk propone también un diálogo de proximidad entre creador y espectador: una mirada que descubre los matices en la intimidad de los detalles, allí donde lo ornamental deja de ser un adorno distante para convertirse en gesto revelador.
La colección se inspira en la obra de John Stezaker: collages donde los contrarios no se enfrentan, sino que conversan. Aquí también se trata de eso: de mantener una charla relajada entre la unidad y la pluralidad, entre presencia y representación, entre trascendencia e inminencia.
Quizá lo más difícil en moda sea aceptar que el futuro está hecho de interpretaciones del pasado. Y lo segundo más difícil, olvidar ese mismo pasado para volver a empezar.